¿Sientes el frío helado en tu cara al salir de la casa en la mañana? Es el frío que viene del páramo, ese que corre desde las montañas grises verdes que se divisan desde la azotea, arriba del Lorenzo. Es el frío que te despierta, mijita. Respíralo pero hasta adentro, que ese renueva tu energía, te pone pilas. Y en la tarde, cuando ya se oculta el sol, prende el fogón. El calorcito del fogón es para abrigar las patas. Ahí en el fogón escucha las historias de tías y las abuelas. Tómate una agüita de panela para abrigar la panza. Échale cuajada, ese manjar no se consigue cuando uno sale lejos. Cocínate una ollada de papas, de esas que compraste en el mercado, échales sal, hácete un ají de cebolla larga. Cómetelas con queso eso sí, queso fresco, el que viene en hoja. Y pa'l domingo, hácete un sancocho, pero ponle habas, así queda bueno. Todo eso se extraña en los huesos cuando uno anda lejos. Por, Tatiana Castillo